La inspiración te puede venir en los lugares y en las formas más insospechadas. Una mirada, un roce de dos manos pueden dar lugar a una gran historia igual que puede hacerlo un viaje por un territorio desértico o el lavabo de algún antro de perdición un sábado noche... Todo depende de la cabeza de uno. Por eso me gusta escribir, porque no es un acto reflejo ni que se pueda forzar... Siempre me ha llamado la atención la gente que ha entrado en algún momento en este blog especialmente mientras escribo una nueva entrada. Pensar que alguien lee lo que se te pasa por la cabeza un día que te viene a visitar la inspiración. Es más, pensar que alguien lo entiende e incluso le puede aportar algo más allá de una cuestión de gustos es algo a lo que es difícil acostumbrarse.
De hecho creo que lo mejor sale cuando escribes pensando que nadie te va a leer o en su defecto, cuando crees que tan sólo va a leerte esa persona a la que va dirigida una entrada y en el que en ningún momento citas, teniendo la esperanza absurda de que esa persona se de cuenta de que en dicha entrada la inspiración tenía nombres y apellidos... Al darle al enter sin embargo casi siempre acabas pensando que mejor que nadie se haya dado cuenta. Uno es así, digamos que poco ducho a llamar la atención de aquellas personas que le importan.
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