Luces encendidas en un edificio en el centro de la ciudad, lo que antes estaba lleno de vida (ausente eso sí) ahora espera en silencio que lleguen las 9 de la mañana de nuevo y se vuelva a llenar de gente, gente que coincide en el ascensor y en una cafetera de vending que hay en el sótano pero que nunca se ha preguntado quien es aquella persona que lleva 15 años diciéndose buenos días y hasta mañana, aunque sin la certeza de que mañana se vuelvan a verDesde la calle se ven dos sombras una en cada piso, miran una pantalla negra y piensan en sus cosas, por lo que sea ven más interesante perder su tiempo en esa oficina vacia que en su casa frente al televisor o en un atasco en la Ronda. No se conocen pese a que se han visto centenares de veces y sin embargo se parecen mucho. Seguramente acaben cruzándose en el Metro también, pero no se vean. Estarán buscando el amor de sus vidas en una aplicación del móvil o leyendo cualquier actualización chorra de su facebook. Y mañana vuelta a empezar. Esa es la vida en la ciudad
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