sábado, 15 de noviembre de 2014

La alegría que pasa...

Hace bastantes años ya, en el Instituto y en petit commité representamos una obra de teatro catalana que se llama "L' Alegria que passa" de Santiago Rusiñol. Se trata de una obra algo autobiográfica en la que  en un pueblo catalán de los años 20 llega una compañía de teatro y con ellos la bohemia y claro, el hijo del cacique del pueblo que no había salido en su vida de aquellas 4 calles abre los ojos y ve que hay vida fuera de casa.

Algo similar me ha pasado a mi este año en el que tras una primera experiencia de mierda le di una segunda oportunidad a Madrid para volver a Barcelona y poder tener una oportunidad al fin en mi ciudad. Pero no es esto lo que os quería contar.

El título de esa obra me persigue y si fuera obligatorio fijar un lema en el DNI el mío sería ese: "La alegría que pasa". Y es que los momentos de felicidad absoluta en mi vida siempre han sido efímeros y con los días contados y por lo visto ese es mi destino frente al de aquellos que (parece) que viven en la felicidad absoluta y continua, aquellos que nos están mostrando a los pobres infelices cada día cuanto se quieren y la de planes de futuro que tienen, que van a comprar una tele a la tienda de electrodómesticos mientras discuten sobre las pulgadas cogidos de la mano... Esa gente que no parecen de tu mundo o al menos que no juegan en tu liga.

Y frente a esa gente ahí estás tú, picando piedra para tener 5 minutos de alegría que luego se transformarán en tedio o en monotonía, para caminar sólo por una calle comercial y envidiar a esos tipos que aguantan estoicamente una tarde de compras con sus novias... Ellos. no lo saben, pero eso es la felicidad. Se lo digo yo.

El año pasado a día de hoy y después de año y medio sin trabajo hubiera dicho que tener una ocupación era la felicidad. Y es cierto, pero se trata de una felicidad efímera que con el tiempo se acaba convirtiendo en una necesidad que haces sin pensar estilo respirar. La felicidad no es eso, no. La felicidad se parece más a mirar el reloj cada 20 segundos sentado en un banco del provador de mujeres del Zara. Y yo no llevo  reloj...

PD: En la obra hice de hijo del cacique...

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